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Ciudades colombianas enfrentan desafío crítico debido a la falta de garantía en la continuidad del suministro hídrico

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Las ciudades colombianas enfrentan hoy un desafío crítico debido a la falta de garantía en la continuidad del suministro hídrico. Factores como la variabilidad climática y una red de acueducto envejecida han convertido el desabastecimiento en una realidad recurrente.

En este escenario, la instalación de tanques de almacenamiento de agua en hogares y comercios ha pasado de ser una necesidad técnica indispensable para asegurar la operación básica durante cortes o racionamientos.

En Bogotá, puntualmente existe una gran oportunidad. Mientras la ciudad demanda un consumo de 16,24 metros cúbicos por segundo —cifra registrada por la Alcaldía al suspenderse el último racionamiento—, las temporadas de altas precipitaciones ofrecen un volumen de agua que el sistema público no alcanza a procesar.

En esta realidad, implementar tanques de almacenamiento que capturen este recurso no solo son elementos que alivian la red de acueducto, sino que mejora la eficiencia térmica y protege la calidad del agua almacenada.

La ciencia detrás de un almacenamiento seguro

Enfrentar el reto de eventuales situaciones de desabastecimiento de agua en entornos urbanos exige algo más que simplemente recolectar. Requiere de una tecnología que asegure su pureza a lo largo del tiempo. Es aquí donde la ingeniería de materiales y el diseño hidráulico se vuelven determinantes para transformar un depósito básico en una solución de salud pública.

“Para que un sistema de almacenamiento sea verdaderamente efectivo, no basta con que sirva como depósito. Su diseño debe garantizar que el agua potable mantenga sus propiedades químicas intactas, incluso tras varios días de estancamiento” afirma Orlando Polo, ingeniero experto de Pavco Wavin.

En primer lugar, el recipiente debe estar fabricado con materiales químicamente inertes que no liberen compuestos ni alteren las características básicas del líquido. Segundo, el sistema debe ser un entorno de hermeticidad total que bloquee la luz solar —principal motor para la proliferación de algas— y cierre el paso a contaminantes externos como polvo o insectos. Finalmente, el diseño hidráulico debe ser estratégico, ubicando entradas, salidas y reboses de tal forma que se eliminen las llamadas «zonas muertas», favoreciendo una renovación constante del agua y facilitando el acceso para limpiezas profundas.

En respuesta a estas exigencias, la innovación de Pavco Wavin se materializa en los sistemas modulares enterrados tipo AquaCell, una solución que redefine la gestión hídrica urbana. Al tratarse de estructuras subterráneas y herméticas, eliminan de raíz los factores externos de contaminación más comunes.

Esta solución, al estar bajo tierra, permite que el agua quede protegida de variaciones térmicas extremas y de la exposición directa al sol, lo que reduce drásticamente la aparición de bacterias y vectores. Fabricados con polímeros de alta resistencia y aptos para el contacto humano, estos módulos garantizan que las propiedades del agua permanezcan inalteradas durante periodos prolongados, ofreciendo una resiliencia climática que los tanques aéreos tradicionales simplemente no pueden alcanzar.

Instalación técnica y protocolos de cuidado

El éxito del almacenamiento comienza con una instalación precisa. Los errores más graves ocurren al ignorar las especificaciones de compactación del terreno, rellenos o drenajes, lo que provoca infiltraciones y daños estructurales. Asimismo, un diseño hidráulico deficiente, con conexiones o mal configuradas, genera sedimentos y zonas de estancamiento que degradan el agua. Por ello, la ubicación y el diseño deben basarse en estudios técnicos que aseguren la hermeticidad y la funcionalidad del sistema a largo plazo.

Una vez instalado, el mantenimiento preventivo es el que garantiza la salud del usuario. Para estos sistemas, es fundamental el uso de desarenadores y sedimentadores que filtren sólidos antes de que el agua ingrese al tanque principal, facilitando la limpieza.

La frecuencia de estos mantenimientos profundos depende de cada proyecto y de la normativa vigente, pero siempre parte de un uso responsable: entender el origen del agua y su destino final para asegurar que el sistema opere como una solución sanitaria confiable y no solo como un depósito de reserva.

La gestión inteligente del agua trasciende la técnica para convertirse en un motor de bienestar social. Una infraestructura de almacenamiento segura es el puente hacia una salud pública sólida, al reducir la incidencia de enfermedades mediante estándares de saneamiento e higiene.

Al fomentar el ahorro y el reuso, estas soluciones no solo protegen la estabilidad de las ciudades, sino que aseguran la resiliencia de los ecosistemas, garantizando que el acceso al recurso sea sostenible y seguro para las futuras generaciones.